Mariano Moreno nació en Buenos Aires, 23 de septiembre de 1778- Falleció en alta mar, el 4 de marzo de 1811, fue un doctor en leyes, periodista, político rioplatense, y uno de los principales ideólogos e impulsores de la Revolución de Mayo, que tuvo una importante actuación como uno de los dos secretarios de la Primera Junta, resultante de la misma.
Es considerado uno de los abogados más brillantes de su generación. Se destacó por su ideas liberales y contractualistas, que aprendió en la Universidad de Chuquisaca defendiendo tanto el libre comercio como los derechos de los indios. Fue el autor de la Representación de los Hacendados, a favor del restablecimiento de la libertad de comercio, que resultó ser el informe de economía política más completo de la época, en el cual describe en detalle la situación económica del Virreinato.
Fundó el periódico La Gazeta de Buenos Aires (1810) siendo secretario de la Primera Junta �con la ayuda de Manuel Belgrano, Juan José Castelli y Manuel Alberti�.
Luego de su alejamiento de la Junta fue designado como diplomático a Londres, pero falleció repentinamente a los 32 años en alta mar, a bordo de la fragata inglesa FAME. Su cuerpo fue envuelto con una bandera inglesa y arrojado a 120 kilómetros de la costa de Santa Catarina en Brasil.
�SDestacados méritos⬝, como Celador Fiscal de esa institución. La función del cargo consistía en velar por el cumplimiento de las resoluciones del presidente, examinar la documentación requerida para el ingreso que presentaban los aspirantes, firmar los gastos que rendía el tesorero, hacer de maestro de ceremonias en los actos oficiales y tomar asiento al lado del presidente de la Academia.
Allí leyó también los teóricos de la ilustración europea Montesquieu, Voltaire, Diderot y Rousseau, que ejercieron gran influencia en su pensamiento ideológico. Para comprender a estos autores en su lengua original estudió el idioma inglés y el francés, y tradujo algunas de sus obras. La traducción de El contrato social de Rousseau le llevó varios años y la editó recién en 1810 en la Gazeta de Buenos Aires, con un prólogo de su autoría:
Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía.
Este hombre inmortal que formó la admiración de su siglo y será asombro de todas las edades, fue quizás el primero que, disipando completamente las tinieblas con que el despotismo envolvía sus usurpaciones, puso en clara luz los derechos de los pueblos, y enseñándoles el verdadero origen de sus obligaciones, demostró las que correlativamente contraían los depositarios de sus gobiernos.
Los que querían mantenerla: el intendente Sanz, su asesor Cañete, ciertos funcionarios y clero, dueños de las minas, arrendatarios y el gremio de azogueros.
Cuando Moreno llegó a Chuquisaca estos dos grupos ya estaban constituidos. La posición ideológica y la exposición que realizaría dos años después en la Academia tiene influencias de su protector, el arzobispo San Alberto, de Terrazas, en cuya casa se hospedaba, y fundamentalmente de Villava, su profesor en la universidad. Además, en su visita a Potosí, pudo constatar lo que era de público conocimiento: la espantosa explotación a la que eran sometidos los indígenas bajo las condiciones que había alcanzado la mita en la etapa tardo colonial.
El 12 agosto de 1802 presentó en la Academia Carolina una Disertación jurídica sobre el servicio personal de los indios en general y sobre el particular de yanaconas y mitarios. El tema que eligió Moreno era conflictivo, de gran actualidad y sobre el que se habían desarrollado graves polémicas en años anteriores.
Después de describir los antecedentes históricos de la explotación en la minería en general y del yanaconazgo y la mita en particular, realizó un detallado análisis de las Leyes de Indias que consideraban a los indios como hombres libres y que habían sido revocadas por cédulas posteriores o acciones de facto contrarias a las mismas. Siguiendo a su maestro Villava, a quien citó en dos oportunidades, detalló la violencia que se ejercía sobre los indígenas para realizar tareas contra su voluntad y criticó las supuestas ventajas de darles �Strabajo⬝ obligatorio para corregir la supuesta �Sharaganería⬝ de estos. Luego contrapuso la utilidad que generaba la explotación versus la resistencia de los trabajadores a una prestación que calificó como �Srepugnante⬝.
de yanaconas y mitarios en (Moreno, 1915)
Moreno finalizó su exposición sosteniendo de que así como se habían eliminado las encomiendas por ser �Spoco conformes a la libertad y privilegios de los indios, se puede esperar lo mismo con el servicio de la mita⬝.
Entre 1803 y 1804 realizó sus prácticas profesionales en el estudio de Esteban Agustín Gazcón [Gascón], oficiando como abogado defensor de indios contra abusos de sus patrones, llegando a inculpar a poderosos personajes como al intendente de Cochabamba y al alcalde de Chayanta.
Matrimonio
A comienzos de 1804, Moreno conoció a María Guadalupe Cuenca, de 14 años, hija de una honorable viuda de Chuquisaca y criada en un monasterio de monjas. Pocos meses después, el 20 de mayo de 1804, se casaron en la catedral de Chuquisaca. La ceremonia corrió a cargo del doctor Matías Terrazas, canónigo magistral, con licencia del cura rector más antiguo de la misma. Entre los testigos del casamiento figuraron: el presbítero José Antonio Medina, profesor de la universidad; el doctor Manuel Josef Antequera y el doctor Pedro Josef Agrelo. Medina será uno de los firmantes de la proclama revolucionaria en la Paz en 1809 y miembro de la Junta Tuitiva.
Regreso a Buenos Aires
En septiembre de 1805 Mariano Moreno llegó a Buenos Aires junto con su esposa y su hijo de ocho meses yendo a vivir al hogar de sus padres. Según Manuel Moreno, salvo para los que heredaban una importante fortuna, las profesiones a las que se podían acceder en el virreinato eran tres: la eclesiástica, que reunía el honor con la pobreza; la milicia, que unía la pobreza con la corrupción; y la abogacía, que requería mucha inversión previa, tanto material como intelectual, con un rendimiento a largo plazo. Una de las consecuencias de la Reforma universitaria de Carlos III fue que a fines del siglo XVIII y comienzos del siguiente, surgieron una �Smultitud de abogados⬝, la mayoría de ellos españoles americanos. Para contener este fenómeno económico-social, el 22 de diciembre de 1802, se dictó en Buenos Aires una disposición general para limitar lo que fue calificado como de �Sgrave perjuicio del público, buen gobierno y administración de justicia⬝. A tal efecto se pidió a las audiencias que informaran el número de abogados en cada una de las jurisdicciones. Al año siguiente, la Audiencia de Buenos Aires determinó las cantidades máximas en cada una de ellas. A estas limitaciones en el número se exigieron otros requisitos como la autorización previa del lugar donde ejercerían su oficio. Para mejorar la formación de estos profesionales se trató de evitar las lecturas de �Sobras arriesgadas y perniciosas⬝.
En 1802, cuando Moreno estaba cursando sus estudios en Chuquisaca, Buenos Aires tenía 98 abogados en ejercicio que aumentaron a 152 en los 8 años siguientes. Entre los abogados de prestigio estaban Chiclana, que ejercía desde 1788; Castelli, desde 1791; y Paso y Echavarria, desde 1802. En este entorno de limitaciones y calificada competencia, Moreno logró su habilitación al poco tiempo de su llegada. En el informe de la Suprema Corte de Justicia firmada por Villota consta que fue eximido de los cuatro años de prácticas obligatorias por su competente actuación en Chuquisaca. Su nombre figuró en la lista de abogados matriculados en la Audiencia de Buenos Aires al mes de noviembre de 1805.
En 1806 tuvo lugar la primera de las dos Invasiones Inglesas al Río de la Plata, durante las cuales Buenos Aires fue ocupada por una fuerza militar británica. Aunque Moreno no participó activamente de las contraofensivas militares con las cuales se los expulsó, se opuso a la presencia inglesa en Buenos Aires y durante la misma escribió un diario en donde tomaba nota de todos los acontecimientos que sucedían. Su propósito era que sus compatriotas conocieran en el futuro por qué circunstancias tal acontecimiento había tenido lugar. Moreno afirmaba lo siguiente:
Yo he visto llorar muchos hombres por la infamia con que se les entregaba; y yo mismo he llorado más que otro alguno, cuando a las tres de la tarde del 27 de junio de 1806, vi entrar a 1560 hombres ingleses, que apoderados de mi Patria se alojaron en el fuerte y demás cuarteles de la ciudad». El 9 de marzo de 1807, al mes de la ocupación inglesa de Montevideo, se editó en esa ciudad un Prospectus que anunciaba la próxima aparición de un periódico. El primer número de The Southern Star, Estrella del Sur apareció el 23 de mayo de 1807. Se trataba de un periódico semanal en 4 columnas por plana, apareadas las partes bilingües español-inglés, con 4 páginas, que salía los sábados. Su editorial contenía propaganda política a favor de los ingleses con críticas a las instituciones españolas: Vg. comparaba las ventajas de ser súbdito de una monarquía limitada con la falta de libertad de ser súbdito de un monarca absolutista. Ídem de gozar de un sistema de libre comercio versus la limitación de un comercio monopolista. El resto eran ofertas comerciales, pedidos de personal bilingüe, listas de barcos que entraban y salían del puerto, noticias europeas y crítica literaria o artística.
La reacción de la Audiencia de Buenos Aires fue prohibir la introducción, lectura pública o privada, retención, etc. del semanario. Además, de manera confidencial, encargó a Moreno que refutara el contenido político del mismo. El historiador Ravignani comentó las �Sserias dificultades⬝ que tuvo Moreno para cumplir el encargo sin aclarar cuales eran esas �Sdificultades⬝. De todas maneras Moreno logró convencer a los miembros de la audiencia gobernadora que lo mejor era el �Ssilencio y olvido⬝.
El semanario tuvo varios redactores: el teniente coronel Thomas Bradford, Edward Butler, Willliam Scollay, todos con el seudónimo �SVeritas⬝. Como traductor colaboró el cochabambino Manuel Aniceto Padilla. Según Ángel J. Carranza, también lo hizo el presbítero Juan Francisco Martínez. No es fácil evaluar el impacto que tuvo como elemento de propaganda debido a factores adversos: la escasa alfabetización, la diferente lengua, cultura, religión y calificación de �Sinvasores⬝ de los responsables y el corto tiempo de su aparición. Se publicaron solo siete números, el último el 7 de junio de 1807 y el día 11, en una hoja suelta, se comunicó la suspensión debido al fracaso militar del general Whitelocke en Buenos Aires. La imprenta, maquinaria y equipamiento, se compró a los ingleses en 3190 o 5000 pesos y se la trasladó a Buenos Aires reforzando la que existía en la Real Imprenta de Niños Expósitos.
Primeras actuaciones públicas
Una de las primeras causas con resonancia política para Moreno fue la actuación como defensor del clero contra los excesos del obispo de Buenos Aires, Benito Lué y Riega.
El caso le fue encomendado por su antiguo profesor en el Real Colegio de San Carlos, el doctor Melchor Fernández, que acusó al obispo de no cumplir con las reglas canónicas, presionar a los tribunales civiles contra el clero �incluso quitándoles propiedades� o manejar a la Iglesia según su particular interés, con vejámenes y arbitrariedades. La causa produjo gran resonancia en Buenos Aires por la importancia social y política del obispo, en particular porque un tribunal civil, mediante un recurso �Sde fuerza⬝, evaluaba medidas que debían tomarse en un tribunal eclesiástico. El 20 de noviembre de 1805, Moreno presentó su alegato final; al terminar, volvió rápidamente a su casa para acompañar a su padre, que agonizaba, en sus momentos finales. La defensa hecha por Moreno, su discurso y los argumentos utilizados humillaron al obispo, que fue encontrado culpable; desde entonces, el obispo lo consideró su enemigo. Esta causa fue también el inicio de su prestigio como abogado.�9
El 13 de febrero de 1806 se produjo el nombramiento de Moreno en el cargo vacante de relator sustituto de la Real Audiencia de Buenos Aires, un cargo sin importancia económica pero que otorgaba prestigio y honores, y que no impedía que siguiera desempeñando su oficio de abogado. A partir del 14 de agosto, fecha de la deposición del virrey Rafael de Sobremonte, el Regente de la Real Audiencia, Lucas Muñoz y Cubero, tuvo que desempeñar funciones adicionales, ya que la Audiencia se hizo cargo del gobierno del virreinato. Muñoz y Cubero delegó parte importante de sus funciones en Moreno, quien se desempeñó así en delicados asuntos de estado.
Tras la expulsión de la primera invasión inglesa, Montevideo reclamó a la corona el título distintivo de �SMuy Fiel y Reconquistadora⬝. A su vez, el cabildo de Buenos Aires, teniendo en cuenta su importante desempeño en la derrota inglesa de 1807, encargó a Moreno que, en su calidad de asesor del Cabildo, solicitara al Rey el título de �SDefensor de la América del Sur y Protector de los Cabildos del Virreinato del Río de la Plata⬝.
El texto que Moreno envió en diciembre de 1807 expresaba la queja del cabildo respecto de los gobernadores y �Ssubdelegados⬝ en general que �Shumillan y desprecian a los cabildos⬝, y que era �Sraro⬝ encontrar un funcionario de ese nivel que para demostrar su autoridad no �Sdesdeñara⬝ o �Sdespreciara⬝ la autoridad de los capitulares. El cabildo buscó así reforzar su autoridad sobre la burocracia virreinal.
El 1 de enero de 1809 Moreno redactó la fundamentación del rechazo del Cabildo de Buenos Aires al nombramiento como alférez real del joven Bernardino Rivadavia. Este hecho inició la Asonada de Álzaga, en la que el alcalde Martín de Álzaga pretendió reemplazar al virrey Santiago de Liniers por una junta de gobierno, en la cual Moreno hubiera sido secretario.
Fueron derrotados por la enérgica reacción del coronel Cornelio Saavedra, al mando del Regimiento de Patricios. Moreno fue el abogado defensor de Álzaga en el juicio que se le siguió, caratulado como juicio por independencia.
JORGE LUIS CIUCIO