¿Quién paga más impuestos en Argentina?
El sistema tributario argentino se encuentra hace tiempo en el centro de un extenso debate sobre su equidad y progresividad. Mientras el gobierno busca mantener la recaudación fiscal para garantizar el financiamiento del gasto público y sostener el equilibrio fiscal logrado en el 2024, diversos estudios han evidenciado que la mayor carga impositiva recae sobre los sectores de menores ingresos.
Esta tendencia regresiva no solo se manifiesta a nivel nacional, sino que también se extiende a las provincias y municipios. En Entre Ríos, los impuestos locales desempeñan un papel clave en la presión fiscal, afectando de manera desproporcionada a los sectores con menores ingresos y contribuyendo al incremento de las desigualdades económicas.
En la provincia de Entre Ríos, el esquema tributario está compuesto principalmente por impuestos provinciales como Ingresos Brutos, Inmobiliario, Automotor y Sellos, además de tasas municipales que varían según la localidad.
Ingresos Brutos: el tributo de mayor recaudación, es un impuesto altamente regresivo ya que se aplica sobre la facturación bruta de las empresas sin considerar su rentabilidad. Esto impacta directamente en el precio final de los productos y servicios, afectando a todos los consumidores, independientemente de su nivel de ingresos.
El impuesto inmobiliario: tanto urbano como rural, es de carácter más progresivo, ya que grava a los propietarios de bienes inmuebles en función del valor de sus propiedades. Sin embargo, a menudo su actualización queda rezagada en relación con la inflación.
Las tasas municipales: como la Tasa General Inmobiliaria (TGI) o la Tasa de Seguridad e Higiene, tienen un impacto significativo en la economía local. Aunque están diseñadas para financiar servicios específicos, pueden generar inequidades cuando no se alinean con la capacidad contributiva de los ciudadanos. En el caso de Concordia, la reforma impositiva implementada en 2024 implicó un ajuste en la carga tributaria, con incrementos en las principales tasas que superaron la inflación proyectada para 2025. Si bien el objetivo de estas medidas es fortalecer la recaudación municipal y garantizar la prestación de servicios, existe la posibilidad en este contexto de recesión económica que su impacto recaiga con mayor fuerza en los contribuyentes de menores ingresos, lo que podría afectar el consumo y la actividad económica local.
En Argentina, aproximadamente el 65% de la recaudación proviene de impuestos regresivos, como el IVA (21%), el Impuesto al Cheque y los Ingresos Brutos provinciales. Estos tributos afectan más a quienes destinan un mayor porcentaje de sus ingresos al consumo. Mientras tanto, los impuestos progresivos, como el Impuesto a las Ganancias y Bienes Personales, tienen una menor participación en el total recaudado.
Las recientes medidas tributarias promovidas por el gobierno del presidente Milei ha acentuado esta regresividad. Por un lado, la reincorporación en ganancias de la cuarta categoría para trabajadores de ingresos medios y bajos, y por otro lado, la reducción de la alícuota del Impuesto a los Bienes Personales o la reciente medida de baja de impuestos a los autos de alta gama, que han beneficiado a los sectores más ricos. Esto agrava la brecha entre ricos y pobres, generando una sociedad más desigual.
Los impuestos regresivos afectan el poder adquisitivo de los sectores populares, reduciendo su capacidad de consumo. Dado que la mayor parte de la actividad económica de un país depende del consumo interno, esta caída en la demanda puede frenar el crecimiento económico y afectar la generación de empleo, una situación que ya se percibe en la economía argentina.
Cuando los impuestos se centran en el consumo y no en la renta o el patrimonio, las grandes fortunas y empresas pueden acumular riqueza sin contribuir de manera proporcional al desarrollo del país. Esto desincentiva la reinversión productiva y favorece la especulación financiera.
Para entender mejor esta situación, imaginemos dos casos: Juan tiene un ingreso bajo, y Horacio tiene un ingreso alto.
Juan gana lo justo para cubrir sus necesidades básicas, como alimentos, transporte y servicios. Todo lo que compra tiene impuestos, como el IVA, lo que significa que paga impuestos por cada peso que gasta. En otras palabras, todo su ingreso está alcanzado por estos impuestos al consumo, sin posibilidad de evitarlo.
Horacio, en cambio, gana mucho más dinero del que necesita para vivir. Una parte de sus ingresos la usa para sus gastos diarios, pero el resto lo ahorra o lo invierte en propiedades o en el mercado financiero, donde muchas veces los impuestos son menores o incluso pueden evitarse con ciertas estrategias. Como no gasta todo su dinero en bienes y servicios gravados, el porcentaje de impuestos que realmente paga en relación con su ingreso total es mucho menor que el de Juan.
En resumen, los que menos ganan terminan destinando una mayor parte de su sueldo a impuestos, mientras que los que más ganan tributan en una proporción menor. Esto es lo que hace que el sistema tributario sea injusto y desigual, ya que la carga de impuestos no se distribuye equitativamente entre todos.
Los especialistas en economía coinciden en que es necesario avanzar hacia un sistema tributario más progresivo para mejorar la equidad y garantizar una distribución más justa de la carga fiscal. Algunas de las reformas propuestas incluyen: 1) Reducir la carga de los impuestos indirectos sobre el consumo, especialmente en bienes de primera necesidad. 2) Reforzar la recaudación de impuestos progresivos, como Ganancias y Bienes Personales, aumentando el control sobre grandes patrimonios y rentas financieras. 3) Eliminar exenciones impositivas injustificadas, que benefician a sectores específicos sin un impacto positivo en la economía, y 4) Simplificar el esquema tributario, reduciendo la superposición de tributos nacionales, provinciales y municipales.
En conclusión, el debate sobre quién paga más impuestos en Argentina y cómo se distribuye la carga fiscal es crucial para el diseño de políticas públicas que fomenten la equidad y el desarrollo económico.
En lo personal considero, que un sistema tributario regresivo no solo profundiza la desigualdad y limita el crecimiento económico, sino que también afecta la estabilidad fiscal del país, comprometiendo su desarrollo a largo plazo. Para evitar estas consecuencias, es clave avanzar hacia una estructura tributaria más equitativa, basada en impuestos progresivos que recaigan sobre la renta, el patrimonio y las grandes fortunas.
Mientras el sistema tributario continúe dependiendo mayormente de impuestos regresivos, los sectores de menores ingresos seguirán soportando una carga desproporcionada, lo que hace imprescindible avanzar en una reforma tributaria integral que garantice justicia fiscal para todos los ciudadanos.
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