Argentina y la “recuperación en V”
En esta semana, el presidente Milei y varios de sus funcionarios manifestaron que la economía argentina ha superado el nivel del año pasado y que la recuperación es en “V”.
El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, aseguró que la actividad económica se recupera rápidamente, a pesar de las significativas medidas de consolidación fiscal (corrección del 5% del PIB) y del saneamiento de la hoja de balance del Banco Central.
Los indicadores respaldan algunas de estas afirmaciones: el crecimiento de los salarios (+12,7% real en comparación con diciembre de 2023 en el salario privado registrado) y el crédito al sector privado (+77% real en relación con abril de 2024) han impulsado la actividad económica. Como resultado, la economía acumula un crecimiento del 5,3% desde el piso de abril de 2024, y en menos de un año supera en un 0,6% el nivel de noviembre de 2023.
Sturzenegger destacó: “En 2024 se combinaron ancla fiscal, monetaria y cambiaria, una estrategia financiera consistente y desregulación. Con libertad y orden macroeconómico, los resultados se ven en tiempo récord: recuperación en V, inflación cayendo, salarios y jubilaciones subiendo, y pobreza e indigencia disminuyendo”.
¿Cuándo se considera técnicamente que una economía está en crecimiento?
El crecimiento económico se confirma cuando la producción total de bienes y servicios, medida generalmente por el Producto Interno Bruto (PIB), aumenta de forma sostenida durante un período prolongado, generalmente de un trimestre a otro o de un año a otro, en términos reales (ajustados por inflación).
Además del PIB, otros factores indicadores de crecimiento incluyen: 1) Disminución del desempleo: Una menor tasa de desocupación suele ser signo de mayor actividad económica. 2) Aumento de la inversión: Más inversión en infraestructura, tecnología y capital humano respalda un crecimiento económico genuino. 3) Incremento en la productividad: Mejoras en la eficiencia empresarial y en el uso de recursos. 4) Mayor consumo: Hogares con ingresos crecientes y confianza en la economía gastan más, y 5) Mayor ingreso per cápita: Refleja un aumento real en el bienestar económico de la población.
¿Es realista hablar de una recuperación en “V”? El gobierno argentino destaca datos recientes que apoyan la narrativa de una rápida recuperación, pero ¿qué tan sólida y sostenible es esta afirmación?
Aunque las cifras iniciales puedan parecer prometedoras, es importante señalar que es necesario esperar más tiempo y consistencia para confirmar esta tendencia.
Razones para ser cautelosos: 1) Corto plazo insuficiente: Un crecimiento sostenido se valida a lo largo de varios trimestres consecutivos, no en ciclos aislados. 2) Polarización sectorial: Mientras sectores como el agro, la minería y la energía crecen, áreas claves como la construcción (-18% acumulado en los primeros 10 meses del año) y el consumo masivo presentan contracciones significativas. 3) Dudas sobre la sostenibilidad: La dependencia de políticas monetarias, fiscales y cambiarias plantea interrogantes sobre si este repunte será duradero o simplemente un rebote temporal, y 4) Crecimiento desigual: Una economía de dos velocidades
O sea, aunque hay indicadores positivos, la recuperación económica de Argentina parece ser sectorial, desigual y potencialmente frágil. Antes de declarar un crecimiento en “V,” sería prudente esperar a que el impulso sea más generalizado y sostenido. Además, es necesario profundizar en la inclusión y sostenibilidad del crecimiento, asegurando que beneficie a la mayor parte de la población.
No basta con mirar únicamente el crecimiento; también es esencial evaluar si este es sostenible e inclusivo, lo cierto es que esa recuperación está por el momento concentrada en 5 sectores, entre los que se encuentra la energía, el agro, la minería, la pesca y, dentro del sector industrial, la producción de alimentos y automotores.
El desempeño positivo se explica: por la alta competitividad internacional, los precios internacionales favorables, la apertura de mercados que dieron un fuerte impulso, las medidas fiscales y cambiarias que favorecieron las exportaciones agrícolas y la actividad minera. Además de las inversiones en infraestructura energética, como el desarrollo de Vaca Muerta, consolidaron el sector.
Otros grandes rubros de la economía, en cambio, siguen mostrando fuertes variaciones negativas, como la construcción, con una caída acumulada de 18% en los primeros 10 meses del año; y también el consumo masivo, cuya base de comparación es demasiado elevada, dadas las distorsiones económicas de 2023 que lo sobre estimularon, particularmente en el segundo semestre.
Las restricciones financieras, altas tasas de interés y un crédito aún limitado frenaron la inversión en proyectos de construcción e industria. La lenta recuperación del consumo afecta principalmente a los sectores que dependen del mercado local, y los problemas de suministro y un retraso en la modernización tecnológica limitan la competitividad de estos sectores.
En conclusión, si bien algunos indicadores positivos y sectoriales generan cierto optimismo, resulta prematuro afirmar que Argentina está experimentando un crecimiento económico sostenible.
La recuperación, aunque visible en ciertos sectores, necesita más tiempo y consistencia para ser considerada una tendencia generalizada. Es imprescindible avanzar hacia un modelo económico más inclusivo y sustentable, que asegure una distribución equitativa de los beneficios del crecimiento.
Declarar una “recuperación en V” podría ser no solo apresurado, sino contraproducente, ya que puede erosionar la confianza en la estabilidad económica a largo plazo. Solo cuando este crecimiento sea generalizado y sostenido se podrá hablar de una verdadera recuperación.
El tiempo y un análisis más profundo serán los jueces definitivos de la verdadera dirección económica del país.
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