La Editorial de la Universidad de Entre Ríos (EDUNER), como otras editoriales de las Universidades Públicas mantienen una preocupación constante por publicar trabajos de divulgación científica, vinculadas con los objetos de estudio de las carreras que forman parte de cada una de las entidades, los que son suscriptos por profesores o especialistas; incluso trabajos presentados en congresos y jornadas. Mientras, además, publican otras de autores de prestigio con el ánimo de difundirlos y permitir al público en general conocer esas obras. Incluso, en algunos casos, lo hacen en colaboración y en conjunto con editoriales de otras Universidades Públicas.
En el caso de la EDUNER, cuenta con las colecciones: Cátedra, Académica y Encuentros & Debates que se vinculan con lo específico de lo educativo y las colecciones: Tierra de Letras, con obras de autores y autoras de relevancia que incluyen la totalidad de la trayectoria de ellos o de un género determinado. En esta colección, se identifican las obras completas de Juan L. Ortiz y de Amaro Villanueva; la obra poética de Francisco Madariaga y de Juan José Manauta; los cuentos completos de este último; el teatro reunido de Arnaldo Calveyra y la obra literaria de Alberto Gerchunoff.
Continuando con las colecciones, están: El País del Sauce, sugerido imaginariamente por la región de los ríos Uruguay y Paraná; Cuadernos de las Orillas, de autores preferiblemente nativos en la provincia y Aura (Colección contemporánea) de autores contemporáneos que cuentan con una obra consolidada y con diversidad de temáticas, perspectivas y géneros.
En esta última colección, hace unos años se publicó: “Al país de las guerras” de Diego Angelino. El libro, contiene un notable prólogo de Martín Kohan, y cuenta también con “Sobre la tierra”, texto que fuera llevado al cine en 1998 por Nicolás Sarquis con las actuaciones de Graciela Borges, Lito Cruz y Germán Palacios.
“Al país de las guerras” es un relato de largo aliento, que va desde 1858 hasta el 1930, vincula elípticamente a Urquiza con Hipólito Yrigoyen, recorre geografías estableciendo la trama en función del territorio (el que se reduce para el protagonista, de inmenso a la nada misma), lo lleva a éste y por ende, al lector mismo desde Andalucía a Nogoyá, alude a una historia que tiene más de inserción y creación de identidad que de mero relato. De forma tal que, como Martin Kohan cuenta en el prólogo mencionado, “la historia, dice Angelino, es en sus novelas una especie de escenario: un espacio más que un tiempo”.
En “Al país de las guerras”, presenta una Entre Ríos como telón histórico y de superficie en el cual se inserta la inmigración, que no deja de ser una avanzada a la aventura y lo desconocido. Es un rio-novela, en el sentido que el autor va configurando una sucesión de hechos concatenados que, incluso al narrarlos con la suficiente inteligencia seductiva, inmoviliza al lector en la atención del texto. Se ha dicho que cada palabra va definiendo la proximidad de la siguiente acrecentando el ámbito acogedor para su lectura.
Si bien la fortaleza de algunos personajes que deambulan por la narración tienen un peso específico propio (Urquiza, López Jordán, etc.) y la historia argentina desde la unificación nacional al primer golpe de estado militar es un elemento ineludible del libro, el protagonismo está en las tres generaciones de Salamanca.
Félix Segundo, hijo de un legendario ganadero de Sevilla y Badajoz, ha sido convocado por José María de la Riestra en virtud de una orden del Presidente de la Confederación Argentina, Justo José de Urquiza para mejorar el ganado de la provincia. Con él es con quien se abre la historia y, a su vez, es el primero de los Salamanca que se suceden en el libro. La familia fue ubicada en una estancia sobre el rio Gualeguay, cercano a Rosario del Tala. Santiago, el hijo de Félix debe administrar la estancia sometiéndose a un endeudamiento bancario en procura de alambrar la enorme superficie y Diego, finalmente, el hijo de Santiago es quien debe soportar con mayor crudeza la decadencia de su familia y la inclemencia de un despojo doloroso y cruento.
En el texto, Angelino suma una serie de explicaciones y en el curso de su relato, en tercera persona, como un informante útil, conforma una suerte de compendio explicativo de términos, dichos y pareceres que no solo complementan sino embellecen y matizan convenientemente la crónica.
Diego Angelino nació en 1944 en Gobernador Maciá, departamento Tala en el centro de la provincia de Entre Ríos. Es un trashumante, en el sentido que su infancia la ha transcurrido en Nogoyá, luego residió en Paraná, para recalar en 1964 por tres años en Comodoro Rivadavia y más tarde en El Bolsón, provincia de Río Negro, para administrar un cine y donde actualmente vive y en cierta forma, reconoce como su lugar en el mundo. Un lugar que podría ser para él lo que como relator alude al protagonista en “Sobre la tierra”, “un lugar que le corresponda: ni bello ni bueno ni grande ni chico: un lugar nomás en donde sienta que para estar ahí ha asomado al mundo”
Ha publicado el libro de cuentos “Con otro sol” en 1974 con el que obtuvo el Primer Premio del diario La Nación con un jurado integrado por Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Alicia Jurado, Eduardo Mallea y Leónidas de Vedia. Uno de esos cuentos, “Bajo la Luna, sobre la Tierra, bajo la Noche” fue ampliamente elogiado por Victoria Ocampo, y años más tarde se convierte en la base de la novela “Sobre la Tierra”, en la cual alude a la inmigración alemana y cierta incomunicación y desencuentros entre las personas. Juan L. Ortiz consideraba a Angelino como uno de los más grandes cuentistas argentinos. Su primera novela (previa al libro anterior) “Al Sur del Sur” había sido propuesta para su publicación por un jurado del Premio América Latina (La Opinión-Sudamericana) integrado por Juan Carlos Onetti, Julio Cortázar y Rodolfo Walsh. Enrique Pezzoni de Sudamericana –como cuenta Angelino-quería hacerlo, pero el autor decidió no publicarla.
Con “Recordando en el viento” publicado por la editorial Celtia, Angelino novela la vida de Juana Sosa de Canosa, la madre de Juan Domingo Perón. Cuenta Angelino en “Esbozos para una autobiografía” que forma parte de la edición de EDUNER para “Al país de las guerras” que al llegar a Comodoro Rivadavia toma conocimiento de las vicisitudes de la señora y el afecto del que gozaba “aún para los enemigos de su hijo”. Y lo llevó a volcar la vida de Juana Sosa en una novela.
Ediciones Espacio Hudson, una editorial patagónica publicó la más reciente novela de Angelino, “El bumerang vuelve al cazador”. La obra fue una de las once finalistas del Premio Heralde de Novela, en 2014, cuando la mexicana Guadalupe Nettel lo obtiene por su obra, “Después del invierno”. Angelino cuenta que el germen de esa historia fue el golpe cívico-militar de 1976 cuando un oficial de gendarmería con otras siete personas, allanan su casa de El Bolsón, buscando “armas y literatura subversiva”. Sitúa la historia en Comodoro Rivadavia. El protagonista es el alférez Venter quien persigue obsesivamente a “el negro” Urdanoff, descendiente de mapuches, hijo de un ferrroviario de El Maltén y ex combatiente de Malvinas.
A propósito, Angelino ha declarado que “el pasado, ese pobre bagaje de riquezas, es lo más concreto que nos va dejando la existencia”. Y de él recoge su inspiración. Respecto a su formación, “alguien dijo a escribir se aprende escribiendo” y es un gran lector, maravillado por los escritores norteamericanos como Ernest Hemingway, Sherwood Anderson, Flannery O´Connor, William Faulkner, pero también Juan Rulfo y Horacio Quiroga, entre otros.
Varios autores han ponderado la obra de Angelino. Selva Almada, ha expresado que: “el universo de Angelino nos interpela y nos involucra sin obligarnos a tomar partido, sin señalarnos qué deberíamos pensar de lo que estamos leyendo: en todo caso empujándonos a pensar desde un lugar más humano y generoso” y Jorge Consiglio afirmó: “la enorme potencia narrativa de Angelino se funda en dos razones: la naturalidad con que distingue –y hace brillar- lo extraordinario en lo cotidiano y su destreza para enhebrar en las tramas el curso irreversible del tiempo”.
La obra de Angelino merece ser conocida y compartida. No ha sido prolífico pero cada una de sus creaciones son un dechado de elocuentes creaciones. Mientras, él, ajeno a todas las honrosas y elocuentes ponderaciones, está abocado de lleno a su vivero “Tierra Baldía” (nombre originado el poema “The Waste Land” de Elliot, según afirma el propio Angelino) en El Bolsón.
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